
Hoy hablamos de tóxicos en el hogar.
Vivimos rodeados de productos que nos facilitan la vida: envases ligeros, utensilios que no se pegan y cosméticos y cremas con olores idílicos que prometen que te verás ideal en pocos usos.
Pero detrás de toda esta comodidad, suelen esconderse sustancias e ingredientes que incluyen tóxicos que sin darnos cuenta, pueden alterar el equilibrio del cuerpo.
Incluso pensando que estás utilizando algo que es beneficioso, puede ser que no lo sea.
Hoy en día hay más consciencia sobre los tóxicos ambientales y la contaminación, aunque en este aspecto no podemos controlar tanto nuestra exposición, porque estas sustancias se encuentran en el aire que respiramos.
Pero hay otros productos de los que no se suele tener tanta información y los utilizamos sin ser tan conscientes de que poco a poco van mermando nuestra salud, contienen disruptores endocrinos y otras sustancias tóxicas para el cuerpo. En esta parte si que podemos tomar acción.
Uno de los grandes peligros de los tóxicos en el hogar: los disruptores endocrinos
No, los disruptores endocrinos no son los más malos de la película, hay otras sustancias potencialmente cancerígenas, otras que alteran el sistema inmune y provocan alergias.
Pero me paro a contarte un poco más sobre los disruptores porque se habla mucho de ellos hoy en día y me gustaría darte una pequeña explicación para que tengas toda la información y puedas tomar decisiones desde la consciencia y el conocimiento.
Incluso si se ingieren en dosis muy pequeñas, se ha relacionado los disruptores endocrinos con alteraciones hormonales, infertilidad, obesidad y otras enfermedades metabólicas.
¿Cómo lo hacen?
Todo nuestro organismo está conectado y, entre otras formas, esta conexión se realiza mediante hormonas. Éstas se comunican con las células a través de receptores hormonales. Esa comunicación es la que va indicando al cuerpo cómo debe funcionar, y es en esos mensajes que se envían donde interfieren los disruptores, modificando los mensajes y provocando que el cuerpo no funcione como debe hacerlo para que todo esté bien.
¿Cómo entran estos disruptores en nuestro cuerpo?
Principalmente, a través de lo que ingerimos por el tubo digestivo y de la cosmética que utilizamos en nuestra piel y cabello.
Por eso, hoy me quiero centrar en los tóxicos en el hogar, y más en concreto, en dos lugares principales de la casa: la cocina (al entrar en contacto con el alimento migran hacia él) y los productos que te pones en la piel (a través de ella llegan al torrente sanguíneo).
Los disruptores más conocidos son el bisfenol A (BPA) y los ftalatos, aunque la lista es muy larga. Están presentes en muchos artículos que usamos a diario.
Hoy te hablo de ellos.
No se trata de vivir con miedo, sino de conocer para poder elegir mejor.
Hay una buena noticia: cada pequeño cambio suma mucho cuando hablamos de reducir nuestra carga tóxica.
Tóxicos en la cocina: donde empieza (y se puede reducir) la exposición
La cocina es uno de los lugares en los que más podemos influir en nuestra salud, porque aunque tengamos muy presente cómo alimentarnos, lo que utilizamos para cocinar y cómo guardamos nuestra comida puede hacer que al final el proceso no sea tan saludable como nos habíamos propuesto.
Es donde cocinamos, almacenamos y calentamos lo que vamos a ingerir.
Y aquí hay dos grandes protagonistas que influyen en nuestra salud y que podemos evitar con facilidad: el plástico y los materiales antiadherentes.
1. El plástico, el gran infiltrado

En esta parte de la casa está muy extendido el uso del plástico, que es uno de los grandes culpables de que abunden los tóxicos en el hogar, ya sea por comodidad, por costumbre o por precio.
¿Dónde los encontramos? En infinidad de objetos:
Vasos, cubiertos y platos (estos tres sobre todo si hay niños pequeños, se usan para que no se rompan y que no se corten)
Botellas para el agua
Ensaladeras
Recipientes para almacenar, congelar y calentar
Espátulas
Cucharas y moldes de silicona
Muchos de los plásticos que se usan hoy para fabricar los artículos de esta lista contienen disruptores endocrinos.
¿Cuándo actúan con más fuerza?
- Cuando los calientas, si cocinas para varios días y repartes la comida todavía caliente en los recipientes o si los metes en el microondas a calentar.
- Cuando pasan mucho tiempo en contacto con el plástico, incluso cuando usas esos famosos recipientes desechables de aluminio, en los que congelas y luego metes al horno (los típicos de los pollos asados).
- Cuando los alimentos son muy grasos, porque la grasa es una gran transmisora de sustancias nocivas.
No quiero decirte que tires todos los recipientes de plástico ahora mismo, claro, pero sí que intentes usarlos evitando la temperatura, el contacto extendido y las grasas, para reducir la transferencia de disruptores.
Ve cambiando primero los que más utilices, los más viejos que tengas que sustituirlos, los más económicos…
2. El teflón y otros materiales antiadherentes

El teflón, ese material antiadherente que es tan cómodo como nocivo. Es verdad que ningún material de este tipo es bueno para la salud, pero hay estudios sobre el teflón que lo equiparan al BPA de los plásticos.
El problema es que cuando esto se hace público, la industria trata de sustituir este teflón por otro material, que va a ser seguramente igual de perjudicial, solo que aún no hay estudios que justifiquen su eliminación, igual que ocurre con el BPA y sus derivados.
Ya sea el teflón o cualquier otro recubrimiento antiadherente de las sartenes, de las ollas y de otros recipientes, son muy cómodos para cocinar, pero ese recubrimiento contiene PFAS (sustancias perfluoroalquiladas), que se conocen como “químicos eternos” porque no se degradan con facilidad, ni en el medio ambiente ni en nuestro organismo.
Cuando el teflón se deteriora, se raya o se calienta en exceso, puede liberar partículas muy tóxicas que pasan al alimento y después, a nuestro cuerpo.
¿Puedes evitarlos?
Claro, en el mercado hay cada vez más alternativas saludables al teflón y al resto de materiales antiadherentes. Aunque es verdad que para que sean prácticos, y no se te peguen los alimentos, hay que saber usarlos, porque es posible que si no los usas como es debido, el resultado no sea satisfactorio, te frustres y vuelvas a lo anterior.
Entre estos materiales, el acero inoxidable es ideal para cocinar casi todo, fácil de limpiar y resistente. Trata de buscarlo libre de níquel, ésa es la mejor opción. Además, es un material fácil de limpiar. Desde mi experiencia, te diría que vale para cocinar casi todo salvo algunas cosas, como los revueltos, las tortitas o crepes, que se pegan con facilidad.
El hierro fundido dura toda la vida y enriquece los alimentos con pequeñas cantidades de hierro. Como contra, diría que pesa mucho. Es importante que lo tengas en cuenta en un utensilio de uso diario. Te lo recomendaría en una sartén no muy grande para hacer revueltos o cosas pequeñas.
El hierro mineral es algo menos pesado, pero es necesario «curarlo». No es un proceso complicado, pero tienes que dedicarle tiempo y cariño de vez en cuando.
Tanto el hierro fundido como el hierro mineral, a pesar de ser grandes opciones, requieren unos cuidados y un mantenimiento un tanto especiales, por eso te diría que te informes bien de como utilizarlos antes de adquirirlos.
Las fuentes y recipientes de cerámica o vidrio refractario son perfectos para el horno y las cocciones lentas.
¿Cómo hacer el cambio?
El cambio no tiene que ser inmediato: empieza por renovar las sartenes más deterioradas y las que más uses o evitar los utensilios de plástico que se calientan al cocinar si te toca reponer alguno.
Puedes aprovechar las ofertas de Black Friday, Navidad, verano… para ir haciéndote con las que necesitas. Además de las más viejas, piensa en qué sueles cocinar más. Si por ejemplo haces muchos revueltos, busca cuál sería la mejor opción de entre todas las que te he dado y opta por comprar esa en primer lugar.
Aprovecha para reutilizar los envases de vidrio de las conservas y otros alimentos que venden en este material.
Y así poco a poco hasta que lo hayas hecho por completo.
En cuanto empieces a acostumbrarte, te costará volver atrás.
Tóxicos en tu piel: cuando la cosmética no ayuda

Comer no es la única manera que tenemos de introducir sustancias tóxicas en nuestro cuerpo.
La cosmética desempeña un papel protagonista también en el campo de los tóxicos en el hogar, porque entre buenos ingredientes suelen esconderse otros que no sientan nada bien.
Cuando te aplicas un producto en la piel para que mejore su aspecto, suele llevar perfume, algo para darle textura, conservantes para que se mantengan en buen estado más tiempo… y para conseguir esto, las empresas recurren a mezclas químicas que no siempre son inocuas.
Tu piel va a absorber todo: esos ingredientes que van a funcionar para que tu piel se mantenga en buen estado, pero también esos otros que nos son tan beneficiosos, sino al revés.
Porque la piel es una parte más de nuestro sistema de mucosas. Es porosa, tiene su propia flora microbiana, sus microorganismos…
En definitiva, aunque la cuides, deberías hacerlo mientras la proteges como una parte más del cuerpo.
Lo que te pones en la piel llega también al sistema sanguíneo y de ahí, a cada rincón de nuestro cuerpo.
Y la exposición es diaria y acumulativa.
Ingredientes más peligrosos en la cosmética que deberías evitar
Como te dije al principio, los disruptores endocrinos no son los únicos que hay que evitar, y en cosmética hay muchos ingredientes de los que me gustaría hablarte.
A pesar de sus beneficios, muchos cosméticos convencionales siguen conteniendo ingredientes potencialmente dañinos para la piel y la salud.
Entre los más peligrosos estarían los parabenos (methylparaben, propylparaben, etc.), que se usan como conservantes, pero pueden alterar el sistema hormonal y se han asociado a problemas reproductivos.
También están los ftalatos, muy presentes en perfumes y esmaltes, actúan como disruptores endocrinos y pueden afectar la fertilidad y el desarrollo.
Los sulfatos, SLS y SLES en las etiquetas, son ingredientes limpiadores muy agresivos que pueden causar irritación, sequedad y sensibilidad en la piel y el cuero cabelludo. Están muy presentes en los champús y jabones.
Otro de los ingredientes que debemos evitar es el triclosán, que puede alterar las hormonas y contribuir a la resistencia a los antibióticos, muy frecuente en los dentífricos.
Aunque gusta mucho que los productos huelan bien, las fragancias sintéticas (parfum) esconden múltiples químicos que pueden provocar alergias, irritaciones y dolores de cabeza.
Las siliconas (dimethicone, cyclopentasiloxane) y los aceites minerales (paraffinum Liquidum, Petrolatum) ofrecen suavidad a la piel, pero algunos son derivados del petróleo y obstruyen los poros, creando una barrera artificial que impide la respiración natural de la piel.
10 alternativas a los tóxicos en el hogar

La exposición a tóxicos y con ellos, a los disruptores endocrinos, es una suma de pequeñas dosis que recibimos a lo largo del día: el agua que bebemos, el aire que respiramos, lo que tocamos y lo que comemos. Pero también es cierto que podemos reducir mucho esa carga con gestos sencillos que ya hemos mencionado.
En la cocina, es posible vivir libre de estos disruptores:
Para empezar, trata de evitar calentar alimentos en recipientes de plástico, incluso si dicen “aptos para microondas”. Opta siempre por recipientes de vidrio, acero inoxidable o cerámica sin esmaltados sospechosos.
No reutilices botellas de plástico, sobre todo las de un solo uso, trata de usarlas de cristal, acero inoxidable sin BPAs y lávalas a diario.
Por último, reduce los alimentos envasados y elige los frescos, a granel o en vidrio.
Para resumir, cocina más con alimentos frescos y menos procesados y trata de guardar tus comidas en envases de vidrio.
Otros consejos que pueden ayudarte serían ventilar bien tu casa y optar por productos de limpieza naturales y simples, como el vinagre, el bicarbonato o el jabón natural.
Evita los ambientadores artificiales en spray y los insecticidas.
En cuanto a los cosméticos, también es posible:
Revisa siempre el INCI, elígelos siempre con ingredientes que entiendas, y trata de optar por los ecológicos, certificados y naturales. Los sellos como COSMOS, Ecocert, Natrue o BioInspecta son una buena señal.
Trata de reducir la lista de cosméticos al mínimo que te sea posible. Lo ideal sería que dejáramos de esperar tanto de este tipo de productos y se despertara la consciencia de que si nos alimentamos bien por dentro, la piel y el pelo estarán bien.
Utiliza productos básicos para la higiene, y si por ejemplo buscas brillo en tu cabello, no lo encuentres en un ingrediente de un champú, consíguelo cuidándote y comiendo bien. Te aseguro que el resultado te gustará más y será más duradero.
Si quieres hidratar tu piel, los aceites vegetales puros como el de jojoba, aguacate, almendra, argán o rosa mosqueta lo harán sin aditivos.
Al ducharte, reduce el uso del jabón, no es necesario que a diario te enjabones todo el cuerpo. Aplícalo en las axilas, en la zona anal (nada de genitales) y si lo necesitas, en los pies. A diario, basta con que te duches con agua, salvo algún día puntual que sea necesario.
Si quieres darle aroma, utiliza aceites esenciales, la oferta hoy en día es muy amplia y además, tienen muchos beneficios añadidos.
Trata de encontrar un detergente de lavadora libre de tóxicos. Lo encuentras en tiendas eco y también puedes comprarlo a granel.
Los desodorantes naturales con bicarbonato son una alternativa ideal a los peligrosos antitranspirantes. Aunque el bicarbonato puede provocar alergia a algunas personas, si es tu caso, búscalo con maicena, con aceites esenciales… Lo suyo es que vayas probando hasta dar con el que te va bien.
Por último, en cuanto al agua, trata de filtrarla con un filtro de buena calidad, libre de plásticos y otros tóxicos y almacénala en botellas de cristal.
Por supuesto, después de haber hablado del plástico, mi última recomendación es que busques siempre recipientes de vidrio o de cartón, porque estos productos pasan bastante tiempo almacenados y si lo hacen en plástico, los peligros de que las sustancias pasen al producto son más altas, como ya hemos visto.
¿Por dónde se empieza el cambio?
Si tuviera que elegir dos productos por los que empezar, elegiría el desodorante y la pasta de dientes. Después, con tranquilidad, ve sustituyendo los productos conforme se te vayan acabando los que tienes en casa.
El cuerpo tiene una gran capacidad de desintoxicación natural cuando no lo sobrecargamos. No necesitamos vivir en una burbuja, solo volver a lo esencial: lo natural, lo simple, lo menos manipulado posible.
¿Te interesa saber más sobre los tóxicos en el hogar?
Una de las voces más reconocidas en el campo que hemos tratado hoy es el doctor Nicolás Olea, catedrático de Radiología y Medicina Física.
Según sus propias palabras, “vivimos en una sopa química” y añade que la mayor parte de esta exposición viene de los envases alimentarios y de los productos cosméticos.
Lleva años dedicando su trabajo a demostrar cómo por culpa de esta exposición continua y silenciosa, los disruptores endocrinos están presentes en nuestra orina, en la sangre y hasta en la leche materna, así como de sus consecuencias.
Mi recomendación, si te interesa continuar aprendiendo sobre la presencia de los tóxicos en el día a día y en los productos que utilizamos, es que indagues un poco en su trayectoria o que le sigas en sus redes sociales, donde divulga con asiduidad sobre tóxicos en el hogar y el día a día.
Cuídate sin obsesionarte

Es fácil caer en la sensación de que todo a nuestro alrededor es tóxico, pero no es el objetivo, ni es saludable para ti y para tu mente.
Mi única intención es informarte sobre los tóxicos en el hogar y que sepas lo que te sienta bien y lo que no.
Si conoces estos datos y tomas decisiones más saludables, podrás recuperar el control de tu entorno y favorecer que tu organismo funcione mejor.
No tienes que cambiar todo de golpe, porque te vas a agobiar y es fácil cansarte y abandonar.
Los pequeños gestos hechos poco a poco, como una sartén sin teflón, una crema sin fragancia, un táper de vidrio… pueden marcar grandes diferencias en tu día a día y en tu salud.
Porque al final, cuidar de nosotros es también cuidar del entorno que nos cuida.
No dejes el cuidado de tu cuerpo y del de los tuyos para mañana.
¿Necesitas consejo o no sabes por dónde empezar? Pasa, es por aquí.



